El arbol de Margarita

El sol abrazaba todas las cosas, era un día soleado, sin nubes, un azul intenso inundaba el panorama.

Debido al caudal constante del sol sobre ellos, Bruno y su nieta Margarita decidieron refugiarse cerca de un gran árbol.

Bruno se había provisionado de toda clase de elementos para la jornada, una manta de picnic, una cesta con toda clase de comida preparada por la abuela, sándwiches de jamón y queso, frutas, tartaletas, jugo, y galletitas con untables.

Mientras Bruno colocaba la manta, Margarita rodeaba el árbol, buscaba en su mente mil maneras de trepar hasta la cima, pero no se animaba. —Te ayudo. le dijo su abuelo mientras entrelazaba sus dedos para ser el primer peldaño de su ascenso. Margarita sonrió, agradeció y comenzó a explorar el árbol mientras el abuelo terminaba de preparar el festín.

Cuando se dispusieron a comer, Margarita comenzó a hablar más rápido de lo que su abuelo podía responder. Qué mal que la abuela no pudo venir, le hubiera gustado mucho, ¡Mirá, abuelo, un perro!, ¡Mira, abuelo, esa señora tiene globos! —Así continuó por un rato, hasta que culminó con un: Abuelo, cuéntame una historia, una divertida.

No se me ocurre nada en particular, pero, como he visto que te la llevaste bien con este árbol, creo recordar una historia que te puede gustar.

Hace mucho pero mucho tiempo un dios llamado Apolo, quien era considerado el dios de la razón y la inteligencia, se burlaba del dios del amor, Eros. Decía toda clase de cosas para hacerlo sentir mal, hasta que un día Eros quiso darle una lección, entonces tomó sus flechas y lanzó una de oro para Apolo haciendo que se enamore de una ninfa llamada Dafne y otra de plomo dirigiéndola a Dafne para que sintiera rechazo hacia Apolo.

Apolo corría y perseguía a Dafne, y ella le huía. Abuelo, algo así me pasa en el colegio hay un niño que me persigue —interrumpió ella— espero que no acabe como esta historia —contestó él— entonces, ella le huía, quiere permanecer libre, Apolo se acerca cada vez más hacia ella, Dafne corre rápido pero esta cansada y cuando ya Apolo esta a punto de alcanzarla, ella le pide a su padre, el dios río Peneo que la salve, entonces, la convierte en un árbol de laurel justo cuando Apolo la toca. Apolo triste y dolido, la abraza y declara que el laurel será sagrado para él, su árbol y un símbolo de gloría y victoria.

—Abuelo, ¿y qué significa esa historia?

—Honestamente, no lo sé, ¿qué opinas tú?, A mí me quedó que no hay que subestimar el amor.

—Abuelo, si tú no sabes, yo menos. Pero me gustó la historia.

Margarita se levantó, corrió hacia el árbol y lo abrazó.

El arbol de Margarita | Storytelling | Betzabe Silva