Presente
Después de la realización de múltiples posturas desafiantes, con el calor que aún recorre sus cuerpos, en ese momento, todos entran en shavasana.
La instructora dice: centren toda su atención en su respiración, acompañen al aire en su trayectoría como a un huésped muy querido, despacio, sutil —continúa—, volvemos ahora a la intención de esta práctica, la aceptación, que no significa rendirse, sino abrir el corazón a todo lo que es, incluso a lo que no nos gusta, a lo que incomoda, a lo que desafía.
Laura escucha estas palabras e inmediatamente se incomoda. Piensa en todas las injusticias de las que padecen: ella, sus familiares y sus seres queridos. Por ejemplo, su sobrina que regresa todos los días del colegio llorando por lo mezquinos que son sus compañeros. Su respiración se vuelve más áspera, comienza a formarse un nudo en su garganta que le hace más difícil respirar, mientras más habla la instructora, más son las injusticias que pasan por su mente y piensa: ¿Por qué debería aceptarlo? Si lo acepto, nada cambiará.
Inhalen. Sientan como el aire llena el abdomen, el pecho, mantengan el aire. Cuando rechazamos algo, le damos poder sobre nosotros. Pero cuando lo aceptamos, lo integramos y aprendemos de ello. Exhalen tan lento como puedan.
Luis, que se encuentra cansado. Lucha por mantenerse despierto, su mente vaga y deambula entre las palabras de la instructora. Aparecen imágenes en su cabeza, algunas evocadas por la instructora y otras que él mismo no está seguro de dónde vienen, son como nubes efímeras que él intenta atrapar.
Hay una historia acerca de un río, este temía su destino mientras se acercaba al mar. ¡Desapareceré! pensaba el río —continúa la instructora— mientras más se acercaba, más miedo tenía, hasta que por fin llegó al mar. Dejó de ser río y se convirtió en océano.
Hoy, en tu práctica y en tu vida, recibe cada emoción, cada situación, como una parte necesaria del camino. Agradece lo bueno y lo difícil, porque todo te forma, todo te enseña. No hay luz sin sombra, no hay crecimiento sin desafío. Laura logra estabilizar su respiración turbulenta y su garganta se encuentra ya libre de toda influencia emocional. Mientras escucha aún las palabras de su instructora, se calma y piensa que, de todas maneras, esas injusticias no son cosas que ella por sí sola pueda cambiar. Encuentra valor en quitarles, al menos durante ese momento, ese peso en su vida. Despierten poco a poco el cuerpo, los dedos de los pies se despiertan, las manos se despiertan, hagan los estiramientos que crean necesarios como si se acabaran de levantar. Nos sentamos para terminar la práctica juntos, aprovechen para agradecer este momento. Lleven sus manos al centro, cerca del corazón. Inclínense hacia adelante cuando estén listos. Namaste.